Salgo volando, por la ventana...
Y tantos días quedan atrás...
Ya no me duelen, todas las cosas...
Que ayer me podían molestar.
Son cajones que se cierran para que nadie los vea...
Son palabras que no pude decir...
Pero ya no me importa porque nada me toca...
Y no hay nada vivo dentro de mi.
Floto en el aire desde esta tarde...
Cuando mi cabeza exploto...
Ahora el piso es de nubes y me asomo cada tanto...
A espiarte desde donde estoy..
Y veo, y vuelo...
Y veo, y vuelo...
El barrio se ilumina y la noche se hace día...
Brilla como un árbol de navidad...
Y estoy alto muy alto y las luces de los autos...
Que se frenan cada tanto y vuelven a arrancar.
Y veo, a la gente corriendo...
Como una coreografía sin fin...
Y vuelo como en una avioneta...
El olor a fugazeta que cocina mamá.
Y me acuerdo de aquel día en que decías:
Si pudieras ser un pájaro, que harías...?
Ahora que floto y no siento lo que toco...
Y la gente no me ve pasar...
Voy a aprovechar para ir a buscarte...
Y contarte como es todo por acá.
Algunas mañanas pasa la abuela Yolanda...
Y nos vamos juntos a pasear...
Y te manda saludos el marido de Pocha...
Que me juega al ajedrez y no le puedo ganar.
Y dale para adelante con el pibe de a la vuelta ...
Que a la tarde te paso a visitar...
Yo te sigo esperando porque nada me apura...
Y algún día todos vienen para acá.
Y veo(y veo)...y vuelo(y vuelo)
Y veo(y veo)...y vuelo...♪
Y veo(y veo)...y vuelo(y vuelo)
y lloro(y lloro)...un poco(un poco)
...un poco.
El Fantasma. Arbol.
....extraño papalotear contigo. Mucho.
jueves, 28 de agosto de 2008
Y el trabajo...??
...excelente.
En la tienda, hoy llego una princesa en un carruaje de naranja; sus fieles galletas la obedecian a diestra y siniestra. De un peluche nació una famila... y un juguete fue castigado en mi presencia.
Aahh.. los niños tienen una imaginación.
Pensamiento.
Esta noche, mi casa se siente extraña...
...la sensación de que falta algo, falta algo esta presente. Bueno, no falta algo... faltan ellos. Mis papas salieron esta mañana... y quien sabe cuando vuelvan. De viaje.
En la tienda, hoy llego una princesa en un carruaje de naranja; sus fieles galletas la obedecian a diestra y siniestra. De un peluche nació una famila... y un juguete fue castigado en mi presencia.
Aahh.. los niños tienen una imaginación.
Pensamiento.
Esta noche, mi casa se siente extraña...
...la sensación de que falta algo, falta algo esta presente. Bueno, no falta algo... faltan ellos. Mis papas salieron esta mañana... y quien sabe cuando vuelvan. De viaje.
martes, 26 de agosto de 2008
Me he dado cuenta...
...que me gusta la voz de Alejandra Guzmán. Me gusta como canta.... como que le pone mucho sentimiento a sus canciones. Ya tiene tiempo que he venido escuchando musica de ella... pero apenas ayer escuche cierta canción.
Escuchaba la radio en mi cuarto, tirada en la cama... En eso, habla una muchacha al programa y pide una canción de la Guzmán para su amiga. Y cuenta del porqué le quiere dedicar esa canción en especial...
-Se la quiero dedicar a mi amiga... hace poco ella conocio a un muchacho por chat, hablaron por mucho tiempo, el muchacho le empezo a tirar la onda... pero ella tenia miedo porque ella estaba en silla de ruedas, yo hable con el muchacho y dijo que el ya sabia... y que no habia bronca, que la queria a ella por su forma de ser... Se conocieron, y a la semana el le dejo de hablar... que gacho, verdad? Yo solo le quiero decir a mi amiga que no se sienta mal... que el no la dejo por la silla de ruedas... si no porque no supo ver lo que hay en ella.
Despertar
Arranque mi excalibur
mi merlín de juventud
fuiste tú mi Robin Hood
con flechas de ingratitud,
mil caballos de vapor
fueron nuestro amor,
convirtiendo en ciencia ficción
el tic -tac del reloj de mi corazón
Despertar lo sé siempre es muy duro
quién después de ti dará color
a esas noches largas azul oscuro
quién habrá al final que me de su luz
Cómo abejas a la miel siempre tengo a más de cien
este mundo es material contémoslos al final
Me hace daño recordar,
prefiero olvidar,
con el tiempo alguien vendrá
a llenar el lugar sin que duela ya
Despertar lo sé siempre es muy duro
abrire el balcón de par en par
entrará otra vez el aire puro
pero nunca renunciar a la suave luz
Dar un golpe de timón siempre rumbo al Sol
donde el tiempo pare el reloj
y otra vez la razón sane al corazón
pintaré de azul todo lo negro,
llenaré de flores todo el salón
cambiaré los cuadros por otros nuevos
también pintaré de azul donde estabas tú.
lunes, 25 de agosto de 2008
Dios Sí Juega A Los Dados: El Telescopio de Escher... (tercera y ultima parte)...
continuación...
Pero la verdad es que ella se ha quedado dormida igual que su esposo, pues el sueño es otro telescopio con el que se asoma a otras vidas: a escenas que se afocan y desafocan sin ningún concierto ni limitación: porque los sueños de Lourdes son superproducciones cuyo elenco incluye cantantes, bailarines, domadores de fieras, seres actuales y futuros; son la región de la simultaniedad donde todo concuerda, el lugar en el que Francisco es un escritor inventado por ella, pues en el sueño de Lourdes, Francisco aparece inclinado sobre un cuento y ella se acerca para leer cómo la ha descrito; pero el cuento que Lourdes lee en su sueño es un cuento en el que ella tiene 20 años y le dice al que desea ser su marido que no, que de ninguna manera, que ella quiere otra trama para su vida, una historia en la que no figure ningún telescopio, porque ella aspira a estar no de este lado, sino del otro lado del telescopio: en la fiesta, en el monte que se alcanza a ver desde su balcón, allá, a lo lejos, en una vida que no le causa esas ganas de irse. Y Lourdes sonríe en su sueño, porque en su sueño tiene 20 años y el coraje para decir no.
Francisco cabecea: la madrugada se le vino encima pesándole en los ojos y, aunque desea continuar, pues ha oído que los cuentos deben escribirse de un tirón, definitivamente ya no puede. Sobre la cama descansa Genoveva en paz con su cuerpo y con Francisco que sin ningún cuidado la empuja para meterse bajo las cobijas. Ella se queja, pero no despierta, se gira como si estuviera acostumbrada a los empujones nocturnos, se acomoda en un rincón de la cama y, entonces, comienzan mis problemas: qué hacer cuando todos los personajes de un cuento se echan a dormir? Anotar sus ronquidos?, explorar sus sueños?, saltar a otro párrafo que empiece con la fórmula: "A la mañana siguiente"?, enumerar las posibilidades anteriores?, hacer que uno de los personajes abra los ojos?, despertar, por ejemplo, a Genoveva?, despertarla para que se ponga a leer el cuento de Francisco?
No he tenido que hacerlo: ella sola de pronto abrió los ojos, vio a Francisco dormido a su lado, se quitó el pelo de la frente, se levantó de la cama y, con una curiosidad de la que no soy responsable, fue derecho a la mesa en la que se hallaba el cuento de Francisco: lo miró por encima, esparció las hojas y, al leer el nombre "Lourdes", se detuvo: Francisco fantaseaba con una tal Lourdes, la describía sola en su atalaya, prisionera de un marido imbécil y sin más pasatiempo que un triste telescopio para husmear el paisaje; pero en el cuento también había un escritor parecido a Francisco, que hablaba de su soledad, se dolía por Lourdes y lo hacía en unos términos en los que a leguas se notaban los elementos autobiográficos: la mesa de trabajo, las cortinas corridas, el bolígrafo fetiche y hasta el laberinto de México del que Francisco solía quejarse.
Cómo era posible que se sintiera solo, que no la mencionara, si acababan de hacer el amor! Genoveva arrugó las hojas, le resultaba imperdonable que Francisco no la incluyera en eso que ella llamaba "tu literatura", porque a mí sólo me quieres para meterme en tu cama, le dijo mientras lo despertaba, pero no soy importante para ti, cuándo has escrito algo de nosotros, de los ratos que pasamos juntos? Quién es Lourdes? Qué no eres feliz conmigo? Por qué escribes que te sientes solo?, y Genoveva rompió a llorar. Cómo podía Francisco explicar que Lourdes era simplemente una ficción, si por todos medios había procurado volverla verosímil? Se quedó callado: la mujer del telescopio era más real para Genoveva que para él: se materializaba mejor en ese arranque de celos que en su propio cuento. Di algo, exigió Genoveva; pero Francisco, fascinado por el efecto de su historia, no abrió la boca: Lourdes estaba ahí, se había salido de esas hojas para formar un verdadero triángulo amoroso, porque al fin y al cabo Genoveva tenía razón, pues, aunque Lourdes no existiera, existían la nostalgia de Francisco y su necesidad y sus ganas de toparse con Lourdes y, además, era probable que en algún balcón de México una Lourdes estuviera mirando por un telescopio para no mirar hacia atrás, hacia la recámara en la que un marido se pone la corbata para ir al trabajo y espeta dos frases amargas de despedida: "A ver si hoy haces algo... Voy a romperte ese maldito telescopio".
Francisco no explica nada, se limita a sonreír; recoge del piso las hojas de su cuento y el bolígrafo con el que ha mirado más allá de su cuarto y más allá de Genoveva que, furiosa, da un portazo y desaparece convencida de la existencia de Lourdes. Y es que Lourdes tiene que existir, anota Francisco retomando su historia, porque su marido es cualquiera que en este momento, tras una riña matutina, sale de su casa para ir al trabajo; cualquiera que haya amenazado a su mujer con romperle esa posibilidad de fuga que da el telescopio, cualquiera que haya dicho: "A ver si haces algo". Esa frase que desde hace tiempo no ha dejado de repetir el esposo de Lourdes, pero que ahora, como la gota que derrama el vaso, la ha decidido: entre la calle y el telescopio, Lourdes elige salir, ver de cerca lo que sólo ha mirado desde el balcón, meterse en zigzag por México, perderse por sus calles, encontrarse con alguien.
Al llegar al punto anterior, Francisco suspendió su escritura. La certeza de que Lourdes existía fuera de su cuento, pero no por haber salido dando un salto mágico, sino por estricta deducción, le pareció contundente. Ella había dejado el telescopio y él debía dejar de escribri, dejar de tocarla con el bolígrafo y lanzarse a las calles a buscarla, a las calles que son un laberinto, a las calles torcidas de México con sus vendedores ambulantes y su aire tóxico y su color gris y su incurable aspecto de presidio.
Quiero creer que Lourdes y Francisco se encontraron, y lo quiero creer, porque las líneas de inercia de esta historia no me permitieron reunirlos.
Es una historia de Oscar de la Borbolla.
A mi me encanto esta historia... aunque el final.. mmmhhh...
Pero la verdad es que ella se ha quedado dormida igual que su esposo, pues el sueño es otro telescopio con el que se asoma a otras vidas: a escenas que se afocan y desafocan sin ningún concierto ni limitación: porque los sueños de Lourdes son superproducciones cuyo elenco incluye cantantes, bailarines, domadores de fieras, seres actuales y futuros; son la región de la simultaniedad donde todo concuerda, el lugar en el que Francisco es un escritor inventado por ella, pues en el sueño de Lourdes, Francisco aparece inclinado sobre un cuento y ella se acerca para leer cómo la ha descrito; pero el cuento que Lourdes lee en su sueño es un cuento en el que ella tiene 20 años y le dice al que desea ser su marido que no, que de ninguna manera, que ella quiere otra trama para su vida, una historia en la que no figure ningún telescopio, porque ella aspira a estar no de este lado, sino del otro lado del telescopio: en la fiesta, en el monte que se alcanza a ver desde su balcón, allá, a lo lejos, en una vida que no le causa esas ganas de irse. Y Lourdes sonríe en su sueño, porque en su sueño tiene 20 años y el coraje para decir no.
Francisco cabecea: la madrugada se le vino encima pesándole en los ojos y, aunque desea continuar, pues ha oído que los cuentos deben escribirse de un tirón, definitivamente ya no puede. Sobre la cama descansa Genoveva en paz con su cuerpo y con Francisco que sin ningún cuidado la empuja para meterse bajo las cobijas. Ella se queja, pero no despierta, se gira como si estuviera acostumbrada a los empujones nocturnos, se acomoda en un rincón de la cama y, entonces, comienzan mis problemas: qué hacer cuando todos los personajes de un cuento se echan a dormir? Anotar sus ronquidos?, explorar sus sueños?, saltar a otro párrafo que empiece con la fórmula: "A la mañana siguiente"?, enumerar las posibilidades anteriores?, hacer que uno de los personajes abra los ojos?, despertar, por ejemplo, a Genoveva?, despertarla para que se ponga a leer el cuento de Francisco?
No he tenido que hacerlo: ella sola de pronto abrió los ojos, vio a Francisco dormido a su lado, se quitó el pelo de la frente, se levantó de la cama y, con una curiosidad de la que no soy responsable, fue derecho a la mesa en la que se hallaba el cuento de Francisco: lo miró por encima, esparció las hojas y, al leer el nombre "Lourdes", se detuvo: Francisco fantaseaba con una tal Lourdes, la describía sola en su atalaya, prisionera de un marido imbécil y sin más pasatiempo que un triste telescopio para husmear el paisaje; pero en el cuento también había un escritor parecido a Francisco, que hablaba de su soledad, se dolía por Lourdes y lo hacía en unos términos en los que a leguas se notaban los elementos autobiográficos: la mesa de trabajo, las cortinas corridas, el bolígrafo fetiche y hasta el laberinto de México del que Francisco solía quejarse.
Cómo era posible que se sintiera solo, que no la mencionara, si acababan de hacer el amor! Genoveva arrugó las hojas, le resultaba imperdonable que Francisco no la incluyera en eso que ella llamaba "tu literatura", porque a mí sólo me quieres para meterme en tu cama, le dijo mientras lo despertaba, pero no soy importante para ti, cuándo has escrito algo de nosotros, de los ratos que pasamos juntos? Quién es Lourdes? Qué no eres feliz conmigo? Por qué escribes que te sientes solo?, y Genoveva rompió a llorar. Cómo podía Francisco explicar que Lourdes era simplemente una ficción, si por todos medios había procurado volverla verosímil? Se quedó callado: la mujer del telescopio era más real para Genoveva que para él: se materializaba mejor en ese arranque de celos que en su propio cuento. Di algo, exigió Genoveva; pero Francisco, fascinado por el efecto de su historia, no abrió la boca: Lourdes estaba ahí, se había salido de esas hojas para formar un verdadero triángulo amoroso, porque al fin y al cabo Genoveva tenía razón, pues, aunque Lourdes no existiera, existían la nostalgia de Francisco y su necesidad y sus ganas de toparse con Lourdes y, además, era probable que en algún balcón de México una Lourdes estuviera mirando por un telescopio para no mirar hacia atrás, hacia la recámara en la que un marido se pone la corbata para ir al trabajo y espeta dos frases amargas de despedida: "A ver si hoy haces algo... Voy a romperte ese maldito telescopio".
Francisco no explica nada, se limita a sonreír; recoge del piso las hojas de su cuento y el bolígrafo con el que ha mirado más allá de su cuarto y más allá de Genoveva que, furiosa, da un portazo y desaparece convencida de la existencia de Lourdes. Y es que Lourdes tiene que existir, anota Francisco retomando su historia, porque su marido es cualquiera que en este momento, tras una riña matutina, sale de su casa para ir al trabajo; cualquiera que haya amenazado a su mujer con romperle esa posibilidad de fuga que da el telescopio, cualquiera que haya dicho: "A ver si haces algo". Esa frase que desde hace tiempo no ha dejado de repetir el esposo de Lourdes, pero que ahora, como la gota que derrama el vaso, la ha decidido: entre la calle y el telescopio, Lourdes elige salir, ver de cerca lo que sólo ha mirado desde el balcón, meterse en zigzag por México, perderse por sus calles, encontrarse con alguien.
Al llegar al punto anterior, Francisco suspendió su escritura. La certeza de que Lourdes existía fuera de su cuento, pero no por haber salido dando un salto mágico, sino por estricta deducción, le pareció contundente. Ella había dejado el telescopio y él debía dejar de escribri, dejar de tocarla con el bolígrafo y lanzarse a las calles a buscarla, a las calles que son un laberinto, a las calles torcidas de México con sus vendedores ambulantes y su aire tóxico y su color gris y su incurable aspecto de presidio.
Quiero creer que Lourdes y Francisco se encontraron, y lo quiero creer, porque las líneas de inercia de esta historia no me permitieron reunirlos.
Es una historia de Oscar de la Borbolla.
A mi me encanto esta historia... aunque el final.. mmmhhh...
domingo, 24 de agosto de 2008
Un Deseo... (por que deseo va con "s"...)
Pensé... que bonito fin le dí a mi día... me vacie un yogurt encima, parecia que me habíAN vomitado...
...pero, venía llegando del trabajo, me estacionaba fuera de mi casa... y ooohhh sorpresa, vi una estrella fugaz... precisamente a las 11:46pm... (andiiiii...)
good, good...
...pero, venía llegando del trabajo, me estacionaba fuera de mi casa... y ooohhh sorpresa, vi una estrella fugaz... precisamente a las 11:46pm... (andiiiii...)
good, good...
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